Benidorm ha decidido que 2026 no se puede terminar con la calzada haciendo ruidos de rodilla antigua. Así que va a sacar la apisonadora, el cono y la promesa de movilidad sostenible para dejar medio municipio con ese brillo negro de asfalto recién puesto que hace que hasta una chancla pida revisión técnica.
La base seria la puso el Ayuntamiento de Benidorm, que el 4 de septiembre anunció una inversión de algo más de tres millones de euros en el Plan Asfalto 2026 antes de final de año. El proyecto actuará sobre unos 70.000 metros cuadrados y enlaza seguridad vial, accesibilidad y movilidad sostenible. Además, el padrón municipal de Benidorm ya situó la ciudad en 74.663 habitantes, muy por encima del umbral de esta rotación.
Benidorm no repara calles: les hace puesta a punto
En una ciudad donde conviven residentes, turistas, patinetes, maletas con prisa y autobuses que parecen saber algo que tú no, el asfalto no es suelo: es negociación diplomática. Cada bache tiene currículum, cada paso de peatones guarda memoria y cada rotonda exige fe.
“En Benidorm el firme no se cambia: se actualiza como el móvil, pero con olor a verano”, explicó Mari Triniquet mientras esquivaba un cono con solemnidad.

70.000 metros cuadrados dan para muchas conversaciones
Setenta mil metros cuadrados suenan a cifra técnica, pero en la calle significan otra cosa: vecinos preguntando cuándo toca su tramo, comerciantes midiendo la paciencia por persianas, y conductores convencidos de que el cono naranja les mira personalmente.
Después de ver cómo la calle La Purísima de Elda entraba en modo obra fina, Benidorm no podía quedarse atrás. Aquí la reurbanización tiene que tener escala vertical, reflejo de torre y suficiente teatralidad para que alguien la grabe desde un balcón.
“Achávo, si asfaltan esto bien, mi maleta va a llegar al hotel sin terapia”, celebró Paco Tilla, turista reincidente de tercera fila.

Movilidad sostenible, pero con calor de plancha
El plan promete mejorar seguridad vial y movilidad. Traducido al idioma local: que cruzar, circular o empujar una silla de playa por determinadas calles deje de parecer una prueba de equilibrio con premio en forma de rozadura. Benidorm lo vende como futuro; la ciudadanía lo recibirá como milagro si no coincide con la hora de volver del paseo marítimo.
La provincia ya tiene experiencia en infraestructuras veraniegas delicadas, desde los lavapiés de Playa San Juan hasta cualquier acera que haya soportado agosto sin pedir excedencia. Por eso la noticia se entiende rápido: cuando el suelo funciona, nadie lo aplaude; cuando falla, todos tienen una tesis doctoral.
Conclusión: la ciudad se pone firme
Benidorm va a invertir más de tres millones en dejar parte de su red viaria como si acabara de salir de peluquería urbana. Habrá molestias, habrá conos, habrá quien diga que justo su calle se merecía prioridad espiritual. Pero también habrá calzada nueva, pasos más decentes y un argumento menos para culpar al pavimento de llegar tarde.
“Chico, calla: como dejen la calle tan lisa, el domingo bajo al paseo con nivel de burbuja”, sentenció una vecina mirando el asfalto con respeto.
