Crevillent ha decidido que septiembre no estaba suficientemente cargado de solemnidad y va a plantar un Mercado Medieval en pleno centro, con puestos, animación y esa sensación tan alicantina de que cualquier plaza mejora si alguien aparece vendiendo queso con actitud de señor feudal.
La base seria la puso el Ayuntamiento de Crevillent, que anunció el Mercado Medieval del viernes 18 al domingo 20 de septiembre con motivo de las Fiestas patronales y de Moros y Cristianos. La cita ocupará el entorno de la Plaza de la Constitución, abrirá el viernes por la tarde y seguirá sábado y domingo con artesanía, gastronomía, productos tradicionales, animaciones, cuentacuentos, pasacalles, juegos infantiles y espectáculos de circo y humor.
La Edad Media vuelve, pero con datáfono
El mercado promete tallas, pulseras, bisutería, carnes asadas, quesos, embutidos, encurtidos, panadería y repostería. Vamos, lo justo para que un vecino entre a mirar “cinco minutos” y salga con una espada de madera, tres rosquilletas medievales y una deuda emocional con una tabla de quesos.
“Achávo, yo venía a comprar pan y he terminado preguntando si aceptan Bizum en el siglo XIII”, explicó Mari Triniquet, cronista espontánea de toldo y alpargata.

Plaza de la Constitución, reino temporal
Durante tres días, el entorno de la plaza cambiará el tráfico mental habitual por pendones, aromas de brasa y familias calculando si el niño necesita una atracción medieval o simplemente una merienda con nombre antiguo. El casco urbano hará de escenario y el calendario de excusa.
Después de ver a Villena ajustando sus fiestas con cronómetro, Crevillent no podía quedarse atrás en el noble arte de convertir la fiesta en logística de precisión. Aquí el plan es más sencillo: seguir el olor, esquivar una silla plegable y fingir que uno entiende la diferencia entre juglar, pregonero y primo con chaleco.
“Chico, calla: si el queso tiene más carácter que yo, me lo llevo por respeto institucional”, declaró Paco Tilla ante una parada gastronómica.

Animación para todos, paciencia para casi todos
La programación incluye actividades para público familiar, exposiciones temáticas y espectáculos itinerantes. Traducido a idioma de calle: habrá niños encantados, abuelos fiscalizando precios y adultos que dirán “solo damos una vuelta” antes de quedarse atrapados por una demostración de artesanía durante veinte minutos.
La provincia ya tiene experiencia en fiestas con alta densidad calórica, como La Nucía entrenando el codo en la Oktoberfest. Pero Crevillent añade su propio condimento: Moros y Cristianos, tradición local y una plaza capaz de pasar de trámite municipal a decorado de aventura con cuatro banderines bien puestos.
Conclusión con migas en el jubón
El Mercado Medieval de Crevillent llega del 18 al 20 de septiembre con oficio, comida, familia y mucho material para que la ciudadanía practique el deporte provincial de comentar el programa mientras compra algo que no sabía que necesitaba. No será exactamente la Edad Media, claro. Será mejor: habrá horario, humor y alguien preguntando dónde se aparca el caballo si vienes en coche.
“Si esto sale bien, el año que viene empadronamos al pregonero”, sentenció una vecina mirando la plaza como quien inspecciona un reino recién barrido.
