El Hércules empató 2-2 con el Real Madrid Castilla después de vender dos veces el billete de vuelta y descubrir, ya en la puerta de embarque, que el minuto 90 trabajaba para objetos perdidos. El acta narrativa del 2-2 fija el parte: Antoñín marcó en el 7, Diego Aguado igualó en el 59, Soldevila puso el 1-2 en el 86 y Cestero cerró la maleta en el 90.
Venía el equipo de celebrar la ITV aprobada ante el Rayo, y en Valdebebas cambió la pegatina verde por una tarjeta de embarque con letra pequeña. Punto útil, desenlace irritante y esa artesanía blanquiazul de colocar la alegría al borde de la cinta transportadora.
Antoñín factura antes de que abran las tiendas
A los siete minutos, Víctor Narro y Antoñín fabricaron el 0-1 mientras el Castilla todavía buscaba el cierre de la bota. El Hércules gobernó la primera mitad con oficio: bloque serio, salida rápida y ninguna necesidad de convertir cada posesión en una tesis doctoral patrocinada por el bostezo.

“Si llegamos a marcar antes, nos cobran suplemento por madrugar”, calculó Toni Equipaje desde una bufanda azul y blanca.
El Castilla recoge la pelota y también el pulso
Tras el descanso, el filial apretó y Diego Aguado empató en el 59. Ahí apareció el reverso de el cerrojo contra el Sant Andreu: menos candado, más pasillo y Carlos Abad atendiendo vuelos sin pausa. El partido se volvió una terminal en huelga, con carreras, cambios y el balón anunciando retrasos por megafonía.
“Esto ya no es controlar el partido; esto es perseguir una bandeja por el control de seguridad”, protestó Maruja Puerta B12.
Soldevila encuentra el 86 con franqueo urgente
Cuando el empate parecía administrado, Soldevila clavó un libre directo en el 86 y Alicante empezó a palpar los tres puntos como quien comprueba pasaporte, llaves y cargador. El gol tenía calidad, oportunidad y aroma de botín completo. También tenía cuatro minutos de garantía, detalle que nadie leyó.

Cestero abre la maleta en el minuto 90
Leiva desbordó, Cestero remató y el 2-2 dejó al Hércules con un punto donde había olido tres. No fue la avería de Tarragona, pero tampoco la escapada perfecta: fue un empate de esos que suman en la tabla y restan años en el DNI. La expedición vuelve a Alicante con equipaje de mano y una reclamación emocional sin ventanilla.
“El punto ha llegado. Los otros dos están dando vueltas por Barajas”, informó Paco Carrusel con la solemnidad de un parte aeroportuario.
