El Hércules ganó 1-0 al Juventud de Torremolinos y Alicante ha aprendido una verdad incómoda: a veces un gol pequeñito ocupa más sitio que una mudanza por la Gran Vía.
La base real está en la crónica de Alicante Plaza: cabezazo de Samu Vázquez en el minuto 51, centro de Manu Rico, segunda victoria seguida, 9.187 personas en el Rico Pérez y un tramo final que convirtió cada despeje en oposiciones a funcionario de emergencias.
Un Rico Pérez con la calculadora en la mano
Después de la resurrección de Can Dragó y de la noche del expediente en el Rico Pérez, el herculanismo necesitaba una noche de esas que no fueran épicas, sino cobrables. El equipo salió con mando, encontró bandas, puso centros y tuvo ocasiones suficientes para que el marcador pidiera una segunda habitación.
“Achavo, si perdonas tanto, al final el partido te pide intereses”, explicó Toni Blocaje mientras doblaba una bufanda como quien archiva una multa.

Samu puso la cabeza y Alicante el parte médico
El gol llegó en la segunda parte: Manu Rico sirvió desde la derecha y Samu Vázquez entró con la autoridad de quien ha visto la portería y ha decidido acabar una reunión de vecinos. El 1-0 fue justo, pequeño y completamente necesario.
Lo raro fue que no viniera acompañado de un segundo. Andy rozó el travesaño, Javi Cuenca trabajó más que una impresora municipal en víspera de puente y Antoñín tuvo una alegría anulada por fuera de juego tras revisión. La victoria pidió compañía, pero se quedó monógama.
Torremolinos apareció tarde, que es peor
El Juventud de Torremolinos empezó a creer cuando el Hércules dejó de sentenciar. A partir del minuto 75, los visitantes encontraron remates, esquinas y esa costumbre tan alicantina de transformar un marcador favorable en audición para cardiología.
“Un 1-0 aquí no se defiende: se pasea con casco”, resumió Reme Despeje desde la fila donde nadie volvió a sentarse del todo.

Tres puntos, cero coronas
El Hércules ya tiene seis puntos, dos triunfos consecutivos y una clasificación que empieza a mirar hacia arriba sin ponerse gafas de sol. Falta gol, sobra susto, pero al menos el Rico Pérez volvió a casa con algo que guardar: una victoria mínima, sí, pero de esas que pesan en la mochila buena.
“Que nadie imprima el billete del ascenso; de momento con plastificar el 1-0 vamos servidos”, dictó el asesor emocional de la grada.
