El Hércules ganó. Que no es poca cosa, porque en el Rico Pérez hay partidos que empiezan como un trámite y terminan pareciendo una gestión con cita previa, número de turno y ventanilla cerrada. El 1-0 al Juventud de Torremolinos deja tres puntos necesarios, la segunda victoria consecutiva y una sensación conocida: este equipo puede mandar durante muchos minutos y aun así acabar mirando el reloj como si le debiera dinero.
La tarde tuvo una primera parte de dominio blanquiazul, llegadas por fuera y ocasiones suficientes para que el marcador dejara de estar en huelga. Andy, Manu Rico, Antoñín y compañía fueron acercando al Hércules al gol, pero entre la falta de puntería y Javi Cuenca, el partido se fue al descanso con ese 0-0 que en Alicante no tranquiliza: avisa.

Samu puso la cabeza cuando faltaba una solución
El gol llegó al inicio de la segunda mitad, cuando Manu Rico sirvió desde la derecha y Samu Vázquez entró para hacer el 1-0 de cabeza. No fue un gol para levantar estatuas, pero sí para desbloquear un partido que el Hércules estaba trabajando mejor de lo que estaba resolviendo.
El problema fue lo de siempre: después de abrir la puerta, el equipo de Beto Company no terminó de cerrar la casa. Andy rozó el larguero, Manu Rico volvió a aparecer cerca del área y Antoñín llegó a celebrar un gol que acabó anulado tras revisión. El segundo estuvo dando vueltas por el Rico Pérez, pero no se sentó en ningún sitio.
Cuando no sentencias, el partido te enseña los dientes
El Torremolinos, que durante muchos minutos había discutido poco el mando del Hércules, empezó a crecer en el tramo final. A partir del minuto 75 el partido se fue acercando demasiado al área de Blazic, y la grada, que tiene memoria para estas cosas, entendió rápido el peligro.
Hubo saques de esquina, remates, algún despeje con más angustia que limpieza y esa sensación tan herculana de que un 1-0 no se defiende: se sobrevive. El Hércules no perdió el partido porque había hecho bastante antes y porque el Torremolinos tampoco encontró el castigo, pero el cierre dejó claro que el equipo todavía necesita más colmillo para no convertir cada ventaja mínima en una sesión de cardiología colectiva.

Tres puntos buenos, aviso incluido
La victoria vale mucho. Seis puntos en cuatro jornadas, dos triunfos seguidos y una clasificación que ya permite mirar un poco más arriba sin hacer el ridículo. Pero el partido también dejó el recado habitual: al Hércules le falta cerrar lo que empieza.
Ganó porque fue mejor. Sufrió porque perdonó. Y el Rico Pérez salió contento, sí, pero con esa cara de quien ha cobrado una deuda antigua y aun así revisa dos veces el recibo.
Artículo de humor y sátira. Cualquier parecido con la paz interior del herculanismo sigue siendo altamente improbable.
