Elda ha terminado la reurbanización de la calle La Purísima y el Centro Histórico ya respira ese aire solemne de obra recién acabada: adoquín nuevo, jardinera vigilada y vecinos andando despacio para comprobar si el suelo está homologado por la tertulia.
La base seria la puso el Ayuntamiento de Elda, que el 4 de septiembre anunció el final de los trabajos: 160 metros entre Colón y Natalia Tendero Gil, 349.979 euros de presupuesto, plataforma única, granito claro, piedra caliza, red de agua renovada, nuevos imbornales, alcantarillado, arbolado, plantas, riego por goteo y luminarias en camino. Vamos, que a la calle le han hecho más cosas que a un piso antes de enseñarlo a la familia.
La Purísima entra en modo pasarela
Hay calles que se arreglan y calles que se presentan en sociedad. La Purísima pertenece claramente al segundo grupo: una vía histórica que comunicaba la antigua villa de este a oeste y que ahora vuelve con pavimento de estreno, bordillos aseados y la típica señora que pisa una baldosa y sentencia si aquello tiene futuro.
“Fotrè, esto no es una calle: es una alfombra con obligaciones fiscales”, aseguró Mari Triniquet, experta en cruzar con bolsa de pan y criterio urbanístico.

Jardineras, bolardos y la ONU del banco
El parte municipal habla de retirar señalización, ajustar bolardos, colocar jardineras y plantar arbolado. La traducción eldense es más simple: cada esquina tendrá ahora una función, una sombra futura y un señor explicando que antes se aparcaba ahí “sin molestar a nadie”, frase declarada patrimonio oral de la provincia.
En Alicante ya vivimos epopeyas parecidas con Alicante limpiando el futuro Parque Central; Elda, más práctica, ha decidido empezar por 160 metros y dejar que la épica la pongan los bancos, las macetas y quien mida la calle con pasos de paseo dominical.
“Yo no estoy en contra de la modernidad; estoy en contra de no saber dónde apoyar la conversación”, dictaminó Armando Bronca ante una jardinera todavía inocente.

El centro histórico también quiere salir guapo
Lo interesante es que la obra no va solo de poner bonito el suelo. También toca agua potable, pluviales, alcantarillado, eficiencia energética y una imagen más amable para el casco antiguo. Eso, dicho sin sátira, es ciudad. Dicho con ChèQueBó, es el momento exacto en el que una calle se mira al espejo y dice: “chico, calla, que hoy bajo arreglada”.
La provincia está llena de lugares intentando reconciliar patrimonio, movilidad y paciencia vecinal. Un día es el vecino de San Blas que acabó en un buen lío; otro, la mascletà de Luceros convertida en idioma; y ahora Elda descubre que modernizar una calle histórica exige técnica, presupuesto y una capacidad infinita para escuchar opiniones sobre adoquines.
Conclusión con granito claro
La Purísima ya luce renovada y Elda suma otro tramo a esa operación de poner el centro histórico en valor sin que se le caiga encima la nostalgia. Habrá quien celebre la plataforma única, quien fiscalice las luminarias y quien pregunte si el riego por goteo también sirve para regar conversaciones de bar. Pero la calle, al menos, ya está lista para lo importante: que la gente vuelva a pasearla como si acabara de descubrirla y como si siempre hubiera sido suya.
“Si el adoquín aguanta las primeras tres semanas de opiniones, aguanta lo que le echen”, concluyó una vecina con autoridad de balcón.
