La mascletà de Pibierzo en Luceros dejó este martes un dato que en Alicante no se mide, se presume: 126,8 decibelios. Según la nota oficial del Ayuntamiento, fueron 5′ 41» de disparo, 137 kilos NEC y presencia de Funzo, suficiente para que media plaza saliera convencida de haber asistido a una rueda de prensa del estruendo.
Luceros declara el decibelio bien de interés cultural
El registro ha abierto un debate serio, o lo que en Alicante se entiende por serio cuando aún huele a pólvora: si una mascletà supera los 126 decibelios, ¿debe considerarse idioma cooficial? Varios asistentes aseguran que entendieron perfectamente el mensaje del remate final, aunque cada uno tradujo una cosa distinta. Para contexto local, ChèQueBó ya había explorado los entresijos del ruido en Alicante con el ZAS-CAganet, que ahora parece casi un susurro administrativo al lado de Luceros.
“El primer terremoto dijo achávo y el segundo contestó chico calla, clarísimamente”, explicó Armando Bronca, que desde entonces pide los cafés golpeando la mesa con ritmo pirotécnico.

Pibierzo trajo el norte, Alicante puso la liturgia
La pirotecnia mezcló efectos alicantinos con recursos del norte, una combinación que suena a hermanamiento institucional hasta que empiezan los silbatos, las roncadoras y las serpentinas con trueno. Entonces ya no hay protocolo: solo una multitud mirando al cielo como si el humo fuera a revelar dónde aparcar en Hogueras.
En los bares cercanos, el parte técnico se tradujo rápido: no eran 137 kilos NEC, eran “bastantes para que la cucharilla bailara sola”. La precisión científica está bien, pero en la terreta siempre gana el sistema métrico de la barra.
“Això ha sonat como cuando tu primo dice que llega en cinco minutos y aparece en septiembre”, resumió Paqui la del Crescendo, todavía con el flequillo mirando hacia San Vicente.
Funzo certifica que el suelo seguía en su sitio
La presencia de Funzo añadió solemnidad pop al disparo. Allí estaba el pregonero de Fogueres 2026, entre el honor institucional y la duda razonable de si el doble terremoto también iba a pedir bis. Alicante, que para estas cosas tiene una seriedad muy suya, lo recibió como se reciben las grandes ocasiones: con aplausos, humo y alguien diciendo “este año sí que ha pegado”.

Conclusión con permiso acústico
La base real está en la nota oficial del Ayuntamiento de Alicante; lo demás es ChèQueBó intentando explicar por qué una ciudad puede emocionarse con un ruido perfectamente organizado. Luceros no vivió una mascletà: vivió una conversación a gritos entre la pólvora, la plaza y esa Alicante que solo entiende el verano cuando le tiembla un poco el suelo.
