Alicante ha dado un paso importantísimo en el Parque Central: todavía no hay parque, pero ya hay gente quitando cosas para que algún día pueda haber un parque. En esta ciudad eso no es una obra: es ciencia ficción con chaleco reflectante.
Según han publicado Cadena SER Alicante y Onda Cero Alicante, el Ministerio de Transportes ha anunciado el inicio de la limpieza y retirada de material ferroviario en el entorno del futuro Parque Central. Limpieza: la fase en la que Alicante mira un solar, ve una escoba y pregunta si esto desgrava como milagro urbanístico.
El futuro ya tiene servicio de limpieza
El proyecto habla de transformar unos 200.000 metros cuadrados, coser barrios y mejorar la relación de la ciudad con las vías. Para entendernos: sitio hay para un parque, una estación, bancos con sombra y una pequeña ermita dedicada a San Convenio, patrón de las cosas que avanzan sin llegar.
Ver movimiento allí debe de ser como encontrar aparcamiento en el centro sin hipotecar emocionalmente a la familia: uno no sabe si celebrarlo, grabarlo o pedirle perdón a la Virgen del Remedio por haber dudado.

Reunión técnica: septiembre, el mes donde aparcan las urgencias
El Ayuntamiento de Alicante sostiene que se avanza en la ordenación y el convenio. Y cuando una administración dice “se avanza”, hay que sacar el traductor oficial: puede significar que se ha firmado algo, que se ha mirado algo o que alguien ha abierto una carpeta y no ha salido humo.
La próxima cita clave se sitúa el 23 de septiembre, fecha muy alicantina: ya ha pasado el calor fuerte, pero todavía queda margen para decir que el año “ha sido intenso”. Septiembre no es un mes; es una rotonda administrativa. Todo entra, todo gira y nadie sabe por qué salida saldrá el proyecto.
“Chico, calla: si esto lo vemos después del verano, técnicamente ya está más cerca que ayer”, dictaminó una carpeta con anillas.

Los vecinos piden información, esa fantasía nórdica
El colectivo vecinal ha celebrado que se vea movimiento, pero también lamenta falta de respuesta a sus solicitudes de información y reuniones. Tampoco pedían que el soterramiento lo hiciera un primo con una pala; pedían saber qué pasa. En una ciudad normal sería transparencia. Aquí roza el género fantástico, entre dragones, sombra en agosto y correo contestado antes de la segunda legislatura.
Alicante ya sobrevivió a la mascletà de Luceros, a el calendario festivo de 2027 y a suficientes “próximamente” como para que Netflix compre la palabra. Por eso conviene no confundir retirada de material con zona verde terminada: entre una cosa y otra caben tres ruedas de prensa, dos presupuestos y un señor en la radio diciendo “voluntad política hay”.
De momento, el futuro Parque Central ya tiene algo tangible: limpieza. Falta el parque, falta lo central y falta que el futuro deje de estar en prácticas. Pero bueno, por algo se empieza. En Alicante, cuando una obra pública mueve una escoba, la ciudad entera mira y piensa: “quietos todos, que igual esto va en serio”.
